El espiritual afectivo conoce a Dios porque Lo ama.
El espiritual intelectivo ama a Dios porque Lo conoce, y conociéndolo.
El amor del afectivo es que ama a Dios.
El amor del intelectivo es que Dios lo ama; es decir, realiza intelectivamente — pero no de una manera simplemente teórica — que Dios es Amor.
El intelectivo ve la belleza en la verdad, donde el afectivo no la ve a priori. El afectivo se apoya en la verdad; el intelectivo vive de ella.
Schuon, Perspectivas Espirituales y Hechos Humanos, Olañeta, 2001, p. 195